Artículo de Magdalena Pérez Trenado.
Psicóloga clínica. Coordinadora de ConectaSuic, unidad de atención integral a la conducta suicida en La Rioja y ganadora del Premio Mercurio Responsabilidad Social Corporativa 2026.
Nueve de la mañana. Entras en la oficina. Saludas a tus compañeros. Alguien te pregunta: «¿Qué tal?». Respondes lo de siempre: «Bien, gracias. ¿Y tú?». Pero quizá llevas semanas durmiendo mal, sientes que no llegas a todo o te cuesta encontrar fuerzas para afrontar un nuevo día. Sonríes, enciendes el ordenador y sigues adelante.
¿Te resulta familiar esta escena?
A veces, detrás de un «estoy bien» hay mucho cansancio, preocupación o sufrimiento que no sabemos cómo expresar. En el trabajo compartimos muchas horas, pero no siempre encontramos el espacio o la confianza necesarios para hablar de cómo nos sentimos. Y es precisamente ahí donde tenemos una oportunidad para empezar a cambiar las cosas.
Un entorno laboral también se construye escuchando
La salud emocional forma parte de nuestra salud. La presión constante, la sobrecarga de tareas, los conflictos, el acoso o la falta de apoyo pueden afectar profundamente a nuestro bienestar. Por eso, cuidar a las personas en el entorno laboral no consiste únicamente en ofrecer actividades de bienestar: también implica revisar cómo trabajamos, cómo nos relacionamos y qué condiciones necesitamos para sentirnos seguros y respetados.
Las empresas tienen una responsabilidad fundamental en la prevención de los riesgos psicosociales y en la creación de una cultura en la que hablar de malestar no se perciba como una debilidad. Y quienes trabajamos en ellas también podemos contribuir con algo tan sencillo —y tan importante— como interesarnos sinceramente por los demás.
No hace falta tener las palabras perfectas. A veces, basta con acercarse a un compañero, preguntarle cómo está de verdad y escuchar sin juzgar, sin restar importancia a lo que siente y sin apresurarse a dar consejos.
Hablar de suicidio también es cuidar
Y cuando hablamos de salud emocional, no podemos olvidar la prevención del suicidio. El sufrimiento puede pasar desapercibido y no siempre se manifiesta de una forma evidente. No existe una única señal que permita identificar por sí sola el riesgo, pero sí podemos contribuir a que pedir ayuda sea más fácil y a que nadie sienta que tiene que afrontar sus dificultades en soledad.
Prevenir también significa tomar en serio el sufrimiento, saber cómo actuar cuando algo nos preocupa y facilitar el acceso a profesionales y recursos especializados. No se trata de que los compañeros asuman funciones para las que no están preparados, sino de que sepan escuchar, acompañar y orientar hacia la ayuda adecuada.
Detrás de cada puesto de trabajo hay una persona
Quizá mañana, cuando llegues al trabajo, puedas cambiar el habitual «¿qué tal?» por un momento de atención genuina. Quizá seas tú quien necesite que alguien pregunte y escuche. O quizá ese pequeño gesto ayude a un compañero a dar el primer paso para hablar de algo que le preocupa.
No podemos resolver todas las dificultades de los demás, pero sí podemos contribuir a que pedir ayuda sea más fácil.
Cuidar la salud emocional en el trabajo es una responsabilidad compartida: requiere empresas comprometidas, condiciones laborales saludables y personas dispuestas a tratarse con respeto y humanidad.
Porque, a veces, el primer paso para cuidar a alguien es hacerle sentir que puede hablar sin miedo y que no tiene que poder con todo a solas.
Si tú o alguien cercano necesita ayuda ante pensamientos suicidas, puedes tener los siguientes recursos:
024, línea del Ministerio de Sanidad, gratuita y confidencial, 24 horas.
717003 717, Teléfono de la Esperanza, gratuito, confidencial, anónimo, 24 horas.
Ante una emergencia vital inminente, llama al 112.